sábado, 31 de octubre de 2009

Los Desarraigados

A menudo se ven, caminando por las calles de las grandes ciudades, a hombres y mujeres que flotan en el aire, en un tiempo y espacio suspendidos. Carecen de raíces en los pies, y a veces, hasta carecen de pies. No les brotan raíces de los cabellos, ni suaves lianas atan su tronco a alguna clase de suelo. Son como algas impulsadas por las corrientes marinas y cuando se fijan a alguna superficie, es por casualidad y dura sólo un momento.
Enseguida vuelven a flotar y hay cierta nostalgia en ello.

La ausencia de raíces les confiere un aire particular, impreciso, por eso resultan incómodos en todas partes y no se los invita a las fiestas, ni a las casas, porque resultan sospechosos. Es cierto que en la apariencia realizan los mismos actos que el resto de los seres humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren, pero quizás el observador atento podría descubrir que en su manera de comer, de dormir, caminar y morir hay una leve y casi imperceptible diferencia.

Comen hamburguesas Mac Donald o emparedados de pollo Pokins, ya sea en Berlín, Barcelona o Montevideo. Y lo que es mucho peor todavía: encargan un menú estrafalario, compuesto por gazpacho, puchero y crema inglesa. Duermen por la noche, como todo el mundo, pero cuando despiertan en la oscuridad de una miserable habitación de hotel tienen un momento de incertidumbre: no entiendan dónde están, ni qué día es, ni el nombre de la ciudad en que viven.

Carecer de raíces otorga a sus miradas un rasgo característico: una tonalidad celeste y acuosa, huidiza, la de alguien que en lugar de sustentarse firmemente en raíces adheridas al pasado y al territorio, flota en un espacio vago e impreciso.

Aunque algunos al nacer poseían unos filamentos nudosos que sin duda con el tiempo se convertirían en sólidas raíces, por alguna razón u otra las perdieron, les fueron sustraídas o amputadas, y este desgraciado hecho los convierte en una especie de apestados. Pero en lugar de suscitar la conmiseración ajena, suelen despertar animadversión: se sospecha que son culpables de alguna oscura falta, el despojo (si lo hubo, porque podría tratarse de una carencia de nacimiento) los vuelve culpables.

Una vez que se han perdido, las raíces son irrecuperables. En vano el desarraigado permanece varias horas parado en la esquina, junto a un árbol, contemplando de soslayo esos largos apéndices que unen la planta con la tierra: las raíces no son contagiosas ni se adhieren a un cuerpo extraño.

Otros piensan que permaneciendo mucho tiempo en la misma ciudad o país es posible que alguna vez le sean concedidas unas raíces postizas, unas raíces de plástico, por ejemplo, pero ninguna ciudad es tan generosa.

Sin embargo, hay desarraigados optimistas. Son los que procuran ver el lado bueno de las cosas y afirman que carecer de raíces proporciona gran libertad de movimientos, evita las dependencias incómodas y favorece los desplazamientos. En medio de su discurso, sopla un viento fuerte y desaparecen, tragados por el aire.

Cristina Peri Rossi

lunes, 3 de agosto de 2009

Termostato

Te reconozco el "cuanto más lejos más cerca".
Cuando mi estómago no es capaz de asimilar la acritud de los momentos comunes, y los flujos eupépticos me congelan un poco más por dentro... hoy me recuerdo astillada. Que cuanto más fria, más fragil...

lunes, 15 de junio de 2009

tap tap tap


el otro dia llovía, el cielo estaba cinzento y me dolía el dedo corazón, así que me tiré toda la tarde pensando si tendría principio de artritis o simplemente era testimonio de mi desgarro muscular...

viernes, 22 de mayo de 2009

Brígame

Mirémonos a los ojos, así, con fuerza, presionando a cada densímetro un poco más la intensidad. De cerca cada vez más, convexos uno sobre otro (yo por encima), hasta que nos revienten las pupilas, y se nos vacien las cuencas y la perspectiva sea una, ininteligible pero evidente...

Inter-nos.

martes, 12 de mayo de 2009

luzazul

será que azul es el femenino de luz al revés?

Mia Couto "Tierra sonámbula"

(además de ser una pareja monogámicamente palindrómica, como bien se puede observar)

lunes, 11 de mayo de 2009

decierto

por el ojo de la aguja puedo ver como un camello trepa por las grietas AZULES de la pared de mi vecina.

miércoles, 29 de abril de 2009

argentinos

Creo que comienzan a anidar gotas de hielo dentro de mis ojos, decorren las pestañas dejando una difusa huella azul y los iris se me pintan de 102 tonalidades de blanco. Los párpados se agrietan en escamas. Un espeso pelaje comienza a salir de todas las partes de mi cuerpo.

Sólo consigo ver osos polares a mi alrededor, todos y cada uno de ellos de un blanco rabiosamente distinto

- Disculpe, va a salir?

- No, no por favor pase... - y extiende su garra indicándome el camino a seguir entre el pequeño espacio que queda desde el suave (y tentador) pelaje de su barriga y la osa mayor que está justo a mi izquierda. La verdad es que es un ejemplar de lo más atractivo, albugíneo, no lleva ni corbata, ni traje ni formalidades, debe ser diseñador gélido o algo así...

"Próxima estación: Carámbano. Correspondencia con la línea nácar"